Podríamos decir que Gladys está viva, pero no aquí. Esta arteria es un olvido total. Una calle que no tiene nada que ver con la combativa dirigente.
Los ojos saltones de Gladys Marín observan el parco ambiente inhóspito, aburrido, caluroso e indiferente de esta avenida casi si no totalmente muerta.
Pero no es la Gladys real, sino una Gladys kitsch, pintada en el murallón de ladrillos de un vecino. Una Gladys aburrida que ve pasar ese río afásico llamado Avenida La Granja que la semana pasada cambió de nombre para llamarse como ella. Una calle que no tiene nada que ver con la combativa dirigente.
Mientras esta arteria es un olvido total, la próxima semana aparecerá su libro póstumo "Jamás olvido, jamás perdón" con que la compañera Marín aún da muestras de consecuencia incluso a cuatro años de su muerte.
Porque podríamos decir que Gladys está viva, pero no aquí: "¿Gladys Marín? No tenía idea que le habian cambiado el nombre a la calle. Va a ser un caos ahora el tema del correo", afirma don Ricardo, quien tiene un pequeño local cuidado por un enorme pastor alemán y, como mucha gente del barrio, está más preocupado de los robos que del cambio de nombre que homenajea a este sector de apenas un par de manzanas de largo.
¿Gladys Marín? Poco o nada. Es el aburrimiento más bien el que se toma las bermas calurosas, entibiadas sólo por las señoras que riegan la vereda por la tarde o por la sombra casi mínima que cobija a sus aburridos pobladores. Como la señora Maruja, por ejemplo, a quien le han entrado a robar a su casa cuatro veces. Ella dice que eliminaría sola a "la gente mala de la que los políticos no se encargan".
¿Gladys Marín? No tenía idea, dice sorprendida al igual que varios vecinos que a no ser por la ceremonia de la semana pasada en que el PC con la asistencia de sus autoridades y el alcalde de la comuna rebautizaron esta avenida no se habrían dado ni cuenta.
Tampoco los letreros ayudan; en las señalizaciones de esquina aún se lee Avenida La Granja y al recorrer no se encuentra ningún indicio comunista; salvo uno: la casa de don Patricio Jáuregui que en este mar de tedio es una verdadera isla. En sus murallas hay un mural de la dirigente que reza: "¡Con Gladys hasta la victoria! Además de eso, la nada es total hasta Vespucio, donde la avenida pierde su nombre combativo y se transforma en Cerro Negro.