DERRUMBE EN LA MINA SAN JOSÉ. MÁS ALLÁ DEL CIRCO IDEOLÓGICO

“La mina es teatro de un sinnúmero de accidentes horribles, los cuales deben atribuirse directamente al egoísmo de la burguesía”.

(Federico Engels, La situación de la clase obrera en Inglaterra)

Por: Negación de la Negación

Nadie puede dejar de sentir desazón por la situación que han vivido 33 mineros de la Mina San José en la región de Atacama desde el día jueves 5 de agosto, día en que se produjo un derrumbe que los dejó atrapados dentro de la mina. Quienes siempre han defendido a los empresarios desde la prensa o en las conversaciones diarias hoy se disfrazan como defensores de los trabajadores haciendo de esta tragedia (no natural) un circo mediático en que la falsa unidad nacional aparece. La mano de Dios sería la culpable de que los trabajadores aún estén vivos, en vez de ser el culpable de que en este país los trabajadores debamos trabajar para construir la riqueza de los patrones.

La casa de brujas que se ha iniciado para desviar el tema de fondo ha puesto inclusive en entredicho la labor que llevan a cabo los fiscalizadores de las instituciones del caso. ¿Si son 16 los inspectores de Sernageomin para 4 mil faenas, qué esperan? Si cuando denuncian las irregularidades de las minas deben sortear la defensa de éstas que hacen los parlamentarios puesto que el cierre de faenas “afectaría los puestos laborales”.

Los 33 esforzados mineros atrapados han sido el caldo de cultivo para el ocultamiento de las contradicciones del país. Una semana antes de este desastre, el 29 de julio murió, en las cercanías de Tongoy, Abelardo Bonilla quien operaba una retroexcavadora en la mina de conchuela Jeepito (ver foto), de 40 años de funcionamiento donde se extrae carbonato de calcio. Un trabajador más que murió, de los cerca de 30 mineros que ya han muerto este año en Chile, enriqueciendo a sus patrones para poder llevar el sustento diario a sus familias.

La familia Kémeny, dueña de la mina San José se ha enriquecido con el trabajo de los mineros durante más de 50 años no importándole la seguridad de sus dependientes, indiferencia reflejada en que la mayoría de los instrumentos de rescate se han debifo traer de el extranjero, y eso que somos un país minero.

Los trabajadores de la mina organizados en su sindicato han puesto más de 10 denuncias en los últimos años, no siendo escuchados ni por las autoridades ni menos por los administradores del capital. Ya en los últimos 4 años hubieron reiterados accidentes en esta mina que a pesar de haber sido clausurada se volvió a reabrir para no “afectar el empleo” ni la sensibilidad de los empresarios. La mina continuó abierta sin realizar las mejoras en seguridad para no hacer mayores gastos aumentando sus ganancias a costa de la seguridad de los trabajadores.

Sin duda que esto no es un hecho aislado ni fortuito. Eso pretende el Estado persiguiendo a “personas” de la Sernageomin o la prensa que presenta a los dueños (miembros de la mediana minería) como seres irresponsables que sus malas prácticas serían diferentes de las de sus demás hermanos de clase.

Un día antes de que se confirmara que los 33 mineros están vivos falleció anónimamente otro minero, no de una empresa que tiene reiteradas infracciones a la precaria legislación laboral existente ni de alta accidentabilidad (como sucede en la pequeña y mediana minería como En San José), sino en una mina que ha sido premiada en reiteradas ocasiones por sus condiciones laborales como es la Mina Los Pelambre del grupo Luksic. René Antonio Mancilla de 47 años, mecánico, falleció el 21 de agosto mientras realizaba labores para la compañía Komatsu Chile (empresa de capitales japoneses que presta servicios a Los Pelambres), al interior de la mina Los Pelambres.

La alegría de los miles de mineros de nuestro país que se ha producido con la noticia de que los 33 mineros se encuentra vivos no debe ser para agradecer la “buena voluntad” de Piñera y Gol borne quienes sin duda que se disfrazarán de mineros para comprar conciencias al momento del rescate. Los trabajadores del país debemos unirnos y movilizarnos para transformar las condiciones laborales, para que el trabajo sea un derecho y no un peligro y para que lo que producimos sea para nosotros y no para unas cuantas familias de este país.

Los dirigentes sindicales denuncian que cuando lograron una entrevista con el ministro Golborne, éste les señaló que “que la seguridad no era su tema”, hoy mediante la presión mediática niega sus dichos aunque a nadie le sorprenden.

Cuando las condiciones son tan precarias la unidad de los trabajadores se debe articular frente a las cuestiones más básicas; la defensa de la vida frente a quienes nos obligan a arriesgarla y la defensa por un trabajo digno frente a quienes aumentan la precariedad con la sobreexplotación de los trabajadores.

SOLO LA UNIÓN DE LOS TRABAJADORES HARÁ FRENTE A LA CODICIA DE LOS PATRONES.