CONTRIBUCIÓN A LA MEMORIA POPULAR DE LOS JÓVENES

Por: Negación de la Negación/Diario El Día, La Serena, 19/12/1991

SIEMPRE PRESENTES

“Llamó la atención la acción realizada por los tres asaltantes que enfrentaron a la patrullera y al motorista Juan Pereira, ya que los sujetos no tenían la menor opción de poder salir airosos en el enfrentamiento”

Los 20 años de gobierno burgués concertacionista han provocado abundante pérdida de memoria popular y la creación imaginaria de una historia reciente que no sabría de contradicciones, enfrentamientos y lucha de clases.

Independiente de la definición ideológica que pueda existir, en estos 20 años han habido montones de experiencias tristes y alegres de organización y lucha, que sin embargo han sido olvidadas y ocultadas con el fin de contribuir a la creación de la imagen de un país donde la lucha de clases pareciera no existir. Por esto es un deber popular el rescatar estas experiencias y someterlas al tribunal popular de la historia para nutrirnos de sus experiencias y aciertos.

Corría el 18 de diciembre de 1991. La Derecha chilena y los partidos renovados hacían lo posible por extraditar a Eric Honecker y encarcelar a quienes ajusticiaron a Jaime Guzmán. Todo esto enmarcado en la naciente “transición democrática” que no fue otra cosa que un proceso destinado a desarticular a los sectores que se opusieron más férreamente a la dictadura, en especial a las organizaciones subversivas. Todo eso oculto mediante la fiesta del Colo-Colo campeón de La Libertadores.

Ese día en la ciudad de Coquimbo un grupo de 5 militantes del Movimiento Juvenil Lautaro (MJL) planeó la recuperación de un Banco (Santander) en esa ciudad. Aprovecharían la ocasión de que aquel día el equipo de fútbol de Coquimbo Unido disputaba un partido con Colo-Colo y se sabría cual de los 2 equipos sería el campeón del fútbol nacional de ese año. Esta situación tenía al puerto norteño expectante, donde todos los ojos apuntaban al Estadio Sánchez Rumoroso, en una situación propicia para realizar una acción de este tipo, puesto que la policía estaría concentrada en evitar los enfrentamientos entre ambas barras.

En ese año fueron numerosas las acciones que ejecutaron los grupos subversivos que se negaban a creer que la dictadura se había acabado y que la concertación traería beneficios para el pueblo.

Para llevar a cabo sus propósitos de reivindicación popular mediante la lucha, los miembros del MJL hicieron una recuperación de 25 millones de pesos al Banco Santander. La operación dentro del recontó resultó completamente limpia. Sin embargo en su huída se encontraron con una patrulla de Carabineros y un Motorista.

Al verse acorralados 3 de los 5 jóvenes que iban en el furgón bajaron del automóvil y se enfrentaron a Carabineros en la esquina de las calles Borgoño y Manuel Rodríguez en la Parte Alta de ese puerto. Parapetados entre un poste y las murallas de unas casas se enfrentaron a las fuerzas represivas, lo fue considerado por éstos y por la prensa burguesa regional como una verdadera locura, puesto que era obvio que sus fuerzas eran menores y caerían frente a la policía.

Lo que los agentes represivos y la Prensa burguesa no entendían era que al bajarse los 3 jóvenes del furgón, lo que buscaban era provocar un “enfrentamiento de contención” en el cual los demás compañeros que iban en el furgón pudieran escapar y la acción cumpliera su objetivo. Estos jóvenes no eran perfectos ni semidioses, pero supieron poner su vida al servicio del pueblo, sacrificar sus intereses personales al servicio de la causa, entregar la cuota necesaria para beneficio del pueblo. Según testigos de ese popular sector de Coquimbo, a los jóvenes se les habría disparado cuando ya estaban heridos en el suelo y sin municiones. Lo que la burguesía ha querido que olvidemos es tarea nuestra hacer perdurar en las conciencias para poder hacer la crítica y tener ejemplos de lucha que nos hagan ponernos a las alturas de lo que la historia nos exige y el pueblo espera.

Enrique Torres Saravia (26 años), Ignacio Escobar Díaz (23 años) y Sergio Valdés Valdés (27 años) perdieron sus vidas una mañana de diciembre en la parte alta de Coquimbo, mientras la TV, la FF.AA. y la Concertación daban rienda al festín de 20 años que hoy presenta su peor cara en los sectores populares, con jóvenes alienados y drogadictos, pero que tarde o temprano despertaran de su letargo complaciente para transformarse en jóvenes combatientes, sujetos vivos de la lucha de clases.