VAIVENES DEL 2011

Hechos políticos, económicos y sociales de intensidad marcaron el año 2011, pero sin duda que fue el movimiento estudiantil el que llevó el pandero en cuanto a noticias, incluso traspasando nuestras fronteras. Fueron ocho meses de tomas de liceos y universidades, paros y marchas, cuyo objetivo central era la obtención de educación estatal gratuita y de calidad, desmunicipalización y poner fin al lucro en la educación. Lamentablemente nada de esto se logró y el movimiento estudiantil, que en un momento se pensó que sería el comienzo de un gran movimiento de protesta social, incorporando cohesionadamente a otros sectores descontentos, terminó diluyéndose en la vorágine de las fiestas de fin de año y en el horizonte del verano. La prensa, ligada al poder oligárquico –y para consuelo de tontos- insiste que el gran logro de los estudiantes fue conseguir que todos los chilenos hablen del tema de la educación. Es decir, una solución parecida al chiste del sofá de don Otto. El futuro del movimiento estudiantil dependerá de que los dirigentes de los estudiantes no vuelvan a tropezar con la misma piedra y entiendan, de una vez por todas, que las promesas de los actuales parlamentarios y del gobierno son tan de fiar como las promesas de Judas Iscariote.

En otro plano, un suceso que no todo el mundo ha dimensionado, en su gravedad y consecuencia, es el reflotamiento explícito del pinochetismo, concretado en el bullado homenaje público al torturador y asesino Miguel Krassnoff, convocado por el alcalde de Providencia, Cristián Labbé, y el nombramiento como presidente de la Corte Suprema de Rubén Ballesteros. Éste último es un juez que hizo la vista gorda ante los atropellos de los derechos humanos, estuvo en consejos de guerra, dio su apoyo a Pinochet y aplicó la Ley de Amnistía. Un país verdaderamente democrático debería contar en su legislación con una norma que no permitiera que se homenajee a delincuentes ni que puedan ocupar cargos públicos personas que han amparado, de la manera que sea, violaciones a los derechos humanos. La violenta represión, de la policía militarizada contra las manifestaciones estudiantiles, también es otro factor a considerar. El pinochetismo debe ser declarado un delito de lesa humanidad.

Otro asunto ha sido, cómo han ido saliendo a la luz pública –aunque eran un secreto a voces- las operaciones de los grandes grupos económicos para engañar a la gente y practicar la usura. Casas comerciales, Isapres, Afp, supermercados, farmacias, bancos, etcétera, han caído en este “pecadillo” capitalista que obviamente no recibe el castigo que se merece, o no se denuncia con la fuerza necesaria. Tampoco reciben castigo –aunque sea moral- los “rostros” de la televisión que incitan a la gente, a cambio de sueldos millonarios, a gastar sus recursos en estas empresas del abuso permanente.

En cuanto al panorama político, en Chile dos más dos sigue siendo seis, según se desprende del sistema electoral binominal, que rige las elecciones parlamentarias, lo que nos condena a ser gobernados por una minoría, representada por la derecha chilena. Dicho sistema tiene su origen en una Constitución ilegítima impuesta a sangre y fuego. Pero ¿habrá esperanza de acabar con los abusos? La respuesta creo que, en estos momentos, está en la ley que permitirá la inscripción automática en los registros electorales y el voto voluntario, lo que sumará más de cuatro millones de potenciales votantes. Ante esto, e independiente que no nos guste el sistema que nos rige, hay que asumir la realidad existente y acudir en masa a votar por los candidatos alternativos a la derecha y a la Concertación en las próximas elecciones municipales y parlamentarias. Votar a favor de quienes de verdad desean construir un Chile justo y democrático es la gran oportunidad para detener los abusos. Votar, eso sí, y dadas las condiciones actuales, no descarta en absoluto la continuidad de todas las formas de lucha de acuerdo a las circunstancias que se vayan presentando, pero es necesario convertir la inscripción automática en un caballo de Troya para la derecha y la Concertación.